miércoles, febrero 16, 2005

El mapa se hace pequeño


Salimos de “la capital” una noche de lluvia y cogimos un avión que nos llevo hasta la cuna de la civilización, allí recorrimos los lugares por donde anduvieron los sabios, meditamos por encima de la ciudad junto a los templos de los dioses y bajamos al ática a infiltrarnos entre los lugareños, nos acogieron fabulosamente, nos hablaron de viajes y brindamos por el amor antes de abandonar la ciudad. Recorrimos caminos de hierro buscando el norte y llegamos a la ciudad de la universidad paseamos por sus anchas modernas y sucias avenidas, Subimos a la torre blanca atravesando sus celdas y nos asomamos al mar de las batallas épicas, desde ella, no encontramos nada mas de lo que ya habíamos visto y dejamos que nos sacaran de aquel poco atractivo lugar. Nos conducían en dirección a oriente, cruzamos montañas divisábamos el mar y no sin esfuerzo atravesamos fronteras, tras esto todo y nada cambio, un mismo continente pero un pueblo diferente, las iglesias con sus campanarios coronados con cruces dieron lugar a mezquitas y lunas crecientes, los caminos de modernidad dejaron paso poco a poco a rutas mas agrestes. Nos abandonaron en una tierra inhóspita en la que con nadie podíamos hablar en ninguna de nuestras lenguas y que nada escrito comprendíamos. No sin esfuerzo llegamos al centro de la urbe nos hospedamos la noche nos alcanzo y sin quererlo una atmosfera distinta nos absorbió, los cantos desde altas torres nos invitaban a orar y al recogimiento. Pasaron días y noches y nos sumergimos en la magia de la urbe árabe, la celebración del sacrificio movía autenticas mareas humanas de un lado a otro, sobrecogidos cruzamos puentes y alcanzamos inexpugnables atalayas, subimos a palacio nos descalzamos respetuosamente en sus templos compramos en sus bazares y comimos sus alimentos. Nos acercamos a puerto y embarcamos con destino a Asia y mientras llegábamos en un abrir y cerrar de ojos asistimos a la puesta de sol mas increíble que recuerdo, desde un mar que separa dos mundos un cielo dorado y un mar en calma reflejaban un sol que se ocultaba en Europa, llegamos a Asia mudos por la visión y la satisfacción. Días después, de mañana, abandonamos oriente ya formando parte de el y llevándonoslo en nuestro interior, y solo la generosidad de sus habitantes nos permitió salir de la ciudad y alcanzar allí nuestro convoy.
(fin de la 1ª parte)

1 Comments:

Anonymous Anónimo said...

TRISTO KOSMATIH MEDVEDOV !!! :) Pero q viaje !!! Por favor...Menos mal q sólo es una parte q ya aquí me he perdio un par de veces jejeje.
Q sigas descubriendo los rinconcitos por el mundo q es un placer poder leer después todo esto. ¡¡¡Suerte!!! A ver si un dia tenemos una edición especial de 'Lonely planet'...

Un beso enorme,
Maja

16/2/05 8:30 a. m.  

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